EL DCODE PASÓ Y EL VERANO TERMINÓ

De hecho, escribo esta crónica del DCODE con sudadera y unos nubarrones bastante feos sobre mi cabeza.

Esto es un indicativo claro de que el periodo estival y festival ha llegado a su fin.

DCODE MADRIDPOPS

Y sí, estoy publicando tres días después del evento… no porque haya sido el DCODE más especial ni el que tenía el mejor cartel, pero ha sido sin duda el más divertido.

Y obviamente, habéis acertado. Hasta ahora no he podido reponerme de una de las mejores fiestas musicales del año.

Ecléctico, noventero y singular. Esa sería mi combinación de adjetivos para la novena edición de unos de los festivales más consolidados de la capital y del país.

3 escenarios, un sol de justicia y los grupos más bailongos abrieron el festival

Carolina Durante fueron los encargados de tocar al mediodía y lo hicieron en la zona de la carpa, para evitar que a más de uno le diera un tabardillo.

El grupo del verano (incontables son los festivales en los que han participado) tocaron todos sus grandes éxitos, incluido su famoso «Cayetano».

Pero debido a los problemas de sonido, se vieron obligados a cerrar con «La noche de los muertos vivientes», de una forma un poquito más «precipitada» de lo normal.

Con La Casa Azul y Viva Suecia, ya éramos una 4.000 personas las que estábamos dando brincos y bebiendo cerveza sin parar para no deshidratarnos.

Sobre las 18:00h y gracias a Tom Odell, pudimos bajar unas pocas revoluciones al son de «Another Love», mientras el aforo del festival se iba llenando hasta las 20.000 almas con las que terminó cerrando el DCODE esta edición.

A las siete de la tarde, ya con Cantarranas lleno a reventar, comenzó el concierto de Miss Caffeina y todos volvimos a la vida.

A ritmo de sinte, color, purpurina y mucha electrónica, nos hicieron darlo todo con su «Detroit», «Mira como vuelo» y «Prende».

Tras el grupo de Alberto Jiménez, entraron en el escenario como un torbellino los americanos Eels, que comenzaron con la versión de The Who «Out in the street» y después os juro que ya no sé si lo que tocaban era suyo o su lista de reproducción del spoty.

Y se hizo de noche en Cantarranas…

Y con ella, como siempre, llegaron los platos fuertes del festival:

Primero, los suecos The Cardigans, que tras más de 10 años sin pisar España, vinieron a conmemorar los 20 años del lanzamiento de su disco «GranTurismo».

Nina Persson cantó todos los temas, mientras iba perdiendo intensidad entre en público (la mitad de los allí presentes no habían nacido con su «Gran Turismo»).

Pero en cuanto sonó «Lovefool», de la mítica (y posiblemente la mejor banda sonora de la historia) Romeo y Julieta, consiguió volver loco a todo el personal de más de 30, que no pudimos evitar entrar en un éxtasis propio de quinceañeros hormonados.

Posteriormente, y presentando en primicia su último disco, «Salto al color» en su única fecha festivalera del verano, Amaral tuvo que ponerse las pilas y recuperar el ritmo.

No dejó de llamar la atención el pedazo de vestuario que se marcó Eva Amaral, que encorsetada en lentejuelas salió con una energía que parecía que se iba a comer el escenario.

amaral dcode madridpops

Y así fue como llegó el concierto más perfecto de la noche (a mi parecer, como ya sabéis), en el que alternaron de forma casi milimetrada las canciones nuevas con himnos como «El universo sobre mí» o «Mis amigos», no dejando que nadie apartara la cabeza del escenario lleno de las luececitas que reflejaban el top de la cantante.

«Nos hace mucha ilusión presentarlo en la ciudad en la que vivimos desde hace 20 años», dijo Eva entre el griterío de la gente.

Y la respuesta fue clara: porque seguís teniendo uno de los mejores directos del panorama nacional.

Two Door Cinema Club no defraudaron a nadie.

Buenrolleros, rodeados de luces y ritmazos, hicieron bailar a todo el festival y pusieron la energía en la cresta de la ola con «What you know» y «I cant talk».

Me encantaría hablaros de Caravan Palace y Kaiser Chiefs…. pero reconozco que fui de las que no llegaron a ver ni a los franceses ni a los ingleses, aunque no me cabe la menor dura de que no defraudaron a aquellos que consiguieran mantenerse en pie a esas horas de la noche.

El DCODE cumplió su papel a la perfección.

Con una organización de lujo, zona de peques que disfrutaron de su primer festi, y un cartel de lo más ecléctico, el DCODE ha conseguido convertirse en el festival más divertido del verano en la capital.

Y eso sin Rosalía…

Nos vemos al año que viene!

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