“Destinados a ayudar”, un conciertazo contra el cáncer

La mítica sala La Riviera de Madrid se vistió de empatía y acogió con cariño a “Destinados a ayudar”, un concierto solidario para luchar contra el cáncer.

El pasado miércoles la mítica sala La Riviera de Madrid se vistió de empatía y acogió con cariño a “Destinados a ayudar”, un concierto solidario de lucha contra el cáncer organizado por K-Digital y la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC).

Arnau Griso, Rozalén, Despistaos y La Sonrisa de Julia completaban el cartel del evento.

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Pasa que lo mejor no es solo sentir felicidad, es compartirla.

Es un dicho que no se queda en “dicho” porque es verdad.

Pues del mismo modo, lo mejor no es solo ir a un concierto donde el cartel esté formado por cuatro de los mejor grupos del panorama musical español: Arnau Griso, Rozalén, Despistaos y La Sonrisa de Julia.

Lo mejor es que sea benéfico.

El miércoles pasó en Madrid.

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Unos desde arriba, y otros desde abajo del escenario, unimos nuestras voces para “Destinados a ayudar”, propuesta solidaria tras la que se encuentra la agencia K-Digital y la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), una organización sin ánimo de lucro formada por pacientes, familiares, voluntarios, colaboradores y profesionales.

De este modo, mientras el periodista Jota Abril, encargado de presentar el evento, iba dando paso a cada uno de ellos, nosotras brincábamos con “ser feliz es gratis” que cantaban Eric y Arnau, gritábamos (y rememorábamos, para qué vamos a engañamos) con “física o química” de Los Despis.

Cantábamos “Puedo” de La Sonrisa de Julia, algún “Ostia! Ésta canción..!” escuché por ahí, porque es de esas canciones que te sabes aun sin saber que te la sabes.

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Y por supuesto llorábamos cuando Rozalén, acompañada de su inseparable intérprete de lengua de signos Beatriz Romero y con ‘La Piltra’ al cajón, cantó “Vivir”.

Y ganas de vivir y de no perder detalle nos entró al resto.

Así durante 120 minutos.

Salimos sin mucha voz pero queriendo gritar a los 4 vientos todo lo que se había respirado allí dentro durante esas dos horas.

Aprender a valorar a quién tenemos cerca y decir mucho “te quiero”.

Una sonrisa en el metro, un gracias enorme, desear buenas cosas para los demás y alegrarte de sus victorias como si fueran propias.

Creo que son esos pequeños y aleatorios actos de bondad lo que hacen que el mundo sea mágico.

No sé si me estaré haciendo mayor, o que se acerca la Navidad, o todo junto.

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